Una Experiencia - Alfredo Grupo S.E.R.

 

El juego tiene una magia inexplicable. Nos lleva a estados emocionales y anímicos "poco lógicos". Cuando, por ejemplo, nos juntamos con unos desconocidos a jugar un partido de fútbol, el partido se va poniendo bueno, nuestro cuadro mete un gol, y a los pocos minutos los contrarios empatan. El partido se va poniendo candente, nuestros “nuevos amigos” o equipo se va integrando, --“che, dale ponete las pilas que estos no nos pueden ganar, son unos patas duras”--. Nos vamos estimulando entre nosotros, y lo mas interesante, vamos sacando lo mejor de nosotros para ganar el partido. En ese momento nuestro equipo, mete un gol y pasa a ganar. Comenzamos a festejar, nos abrazamos con los "perfectos desconocidos" y saltamos de alegría, como si fueran amigos de toda la vida. Nos emocionamos y nos sentimos “felices” pura y sanamente felices…

Ahora si analizamos estas acciones, se le puede dar miles de explicaciones y razones, pero hay algo muy simple. No actuamos con la lógica, sino con las emociones. Estas emociones que nos mueven a hacer cosas inexplicables, “ilógicas”, si no, no podríamos explicar que estemos a los abrazos con personas desconocidas y que si las conociéramos en una reunión o boliche no las abrazaríamos ni festejaríamos como lo hacemos en el juego. Somos muy lógicos actuando en sociedad. Muy ilógicos actuando en el juego.

 

Yo cuando comencé a trabajar en el hospital, me consideré una persona muy “lógica”, pero que sentía la necesidad de ayudar a los demás. Por esas cosas de la vida, escuchando Rayos X en la radio, el Grupo S.E.R. anunciaba un seminario. Me fui y me gustó la iniciativa.

Al poco tiempo comencé a trabajar en el hospital, Raquelina, la coordinadora, me dijo el primer día. Anda a jugar con ese niño, Juan, que esta bastante aburrido.

Miré para atrás, seguro que le hablaba a otro, pero había una pared, así que dije bueno, voy. Ente a la sala. Juan un niño de 8 años, peladito, tirado en la cama mirándome….   Hola Juan, yo soy Alfredo, queres jugar a algo?. Y bue, que tenes? No se, las cartas, el ludo, algo así?

Yo agudizando todos mis instintos y tratando de ocultar mis nervios y mi angustia. Comenzamos a jugar a las damas, nunca pude saber como hizo para ganarme, yo no era yo, estaba pendiente de todos los detalles para que él se divirtiera, que pasara un buen rato. Jugamos un partido, unos 10 minutos, –Juan, queres jugar otro?,  –No, estoy cansado. Y a otro juego?...   –No gracias quiero ver tele.

Levante el juego y salí de la habitación.  Nunca tuve sentimientos mas encontrados. Me sentía que había pasado un buen rato con él, que lo había dado 10 minutos de alegría. Pero por otro lado… ¿10 minutos? no, definitivamente en 10 minutos no se podía haber divertido mucho.

Fui y le conté lo sucedido a Raquelina, que me dijo, bien, buen trabajo, si podes venir mañana estaría re bueno…

Al otro día fui, los nervios del primer día ya no estaban, estaban los del segundo día.

Hola Raquelina, aquí estoy de nuevo…

–¿Te animas a jugar con Juan?.   –¿Yo?, si, claro. Y allá fui.

–Hola Juan como estas?. De nuevo esa cara mirándome entrar a la habitación. De nuevo esos nervios amaneciendo.

– Bien.

– Queres jugar a algo?, si jugamos a las damas, hoy seguro te gano…

– Bueno, dale.

Traje las damas y jugamos un partido, y le gané. (también soy orgulloso).

– Te juego otro?

– Si.   Me quedé pensando, seguro que hoy esta mejor.

Para no desanimarlo, le dejé ganar el partido de la manera más sutil que pude. Al terminar, le digo con un poco de entusiasmo.  –Me das la revancha?

–No, estoy cansado.

Cortante, me dejó un poco confuso, pero habíamos jugado dos partidos, fue un avance.

Salí de la habitación y busque a Raquelina para contarle.

Me dijo, muy bueno, volve cuando puedas. –Mañana puedo venir, dije.

Llegue al otro día, y me dijo que jugara con Juan.

Entré a la habitación con un poco mas de confianza. Juan me miró y sin decir palabra se rió. (supongo que habrá pensado, otra vez este pesado…)

Queres jugar a algo?

Y bueno, dale, pero que otros juegos tenes?.

Salí de la habitación a buscar mas juegos con una alegría tremenda, había podido romper el hielo, volví con un montón de juegos y   –A este te gano… o a este.

Jugamos como una hora, no lo deje ganar, y le gane muchos, pero también me gano algunos.

Después Juan me dijo, estoy mareado, voy a dormir un rato.

Salí de la habitación y le conté a Raquelina.

Me dijo, –muy bueno, volvé cuando puedas.

Comencé a ir tres y cuatro veces por semana. Todos los días jugaba con Juan, ya teníamos una confianza y un entendimiento bastante grande. Pasábamos dos o tres horas jugando, charlando, lo ayudaba cuando le daban la medicación, inventamos juegos, y así fue pasando el tiempo, hasta hicimos la torta el día de su cumpleaños.

 

En un momento, no se cuando, después de un par de meses, comencé a darme cuenta que cada vez jugaba menos ratos, que los momentos que compartíamos se acortaban, incluso yo no me sentía tan estimulado a jugar con él.

Le comenté esto a Raquelina y me dijo: –Pero a que juegan cuando estas con él. –A cualquier cosa, le dije,  –las damas, el ludo, ta-te-ti, a las cartas, etc. Me dijo –Y te divierten esos juegos?.  – ¡No, para nada!, alguno puede que me divierta por un rato, pero en general no. Entonces dijo,  –No será eso lo que te pasa? Que ya no te divertís?

Si, muy probablemente, pero que solución?

Me pregunto –Y a ti, a que te gusta jugar?.  –Pa’, Ni idea, a nada en particular…

Bueno pero que haces tu en tu tiempo libre o en tu trabajo?. –Y bueno, yo trabajo con computadoras, y me gustan. Me dijo Raquelina: –Y por que no te traes una para jugar con Juan?

La miré como si estuviera loca. Luego de un instante, la miré a los ojos y entendí su punto.

Al otro día volví al hospital con una computadora.

Eran las ocho y media de la noche y Juan no me dejaba ir, y yo no me quería ir tampoco. Nunca me había divertido tanto jugando a la computadora, y creo que Juan tampoco.

Juan me ayudó a entender como se juega, como se puede compartir lo que a uno le gusta, como hacer que el tiempo se detenga. En definitiva, yo, que fui a ayudar a Juan, salí ayudado por él.

  Haciendo la torta de cumpleaños.

© Copyright Asociación S.E.R.

Si tiene problemas o preguntas, póngase en contacto con nosotros: e-mail: Consultas

Última modificación: September 19, 2006.