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"Quien
teme a la muerte ha pedido su vida"
Johann Gottfried Seume (Aoicrypha)
Todas las cosas que existen en nuestro universo están sujetas a las leyes
de la vida y la muerte. Donde quiera que miremos vemos que la vida se
mueve en ritmos y ciclos de reposo y actividad. Cuando una forma antigua
"descansa" o desaparece, una nueva, similar a ella o modificada
y mejorada en forma, hace su aparición. Este fenómeno puede hallarse en
todas partes, desde las exactas dimensiones cósmicas (nuevo sector de las
investigaciones científicas) hasta las "crestas de las olas" y
los "canales" existentes en las vibraciones contenidas por toda
la materia. Esa incesante ida y vuelta puede observarse en nuestro entorno
mas inmediato. Cuando se desarrolla la flor, muere el capullo; cuando se
desarrolla la fruta, muere la flor; cuando surge una nueva planta muere la
fruta. Toda noche es seguida por un nuevo día, y todos los años la
primavera surge tras la quietud del invierno con una fresca onda de vida.
No obstante, los humanos creen en la existencia de la muerte final e
irrevocable. Hay una ley fundamental de la física que establece que la
energía nunca se pierde: toma en cambio otra forma. Esta ley puede
aplicarse también fácilmente a la materia. ¿Que sucede, entonces, con
el espíritu y la conciencia que le dan vida al cuerpo? ¿acaso no
consisten en una forma de energía mas poderosa que la materia?. Para
conocer la respuesta solo debemos comparar un cuerpo muerto con uno vivo.
¿Que ocurre con la energía de la vida cuando un cuerpo muere?.
Casi todas las culturas antiguas y las enseñanzas sabias se refieren a la
inmortalidad del alma y a que la conciencia sobrepasa la vida física.
Según estas enseñanzas, el cuerpo físico es meramente la vasija mortal
del espíritu y el alma, un instrumento que le permite vivir en este
planeta. Esta forma transmitida de conocimiento ha pasado a ser
investigada por la ciencia moderna en múltiples casos. Sir John Eccles,
premio Novel de 1963, sorprendió a su publico durante el Congreso Mundial
de Filosofía en Dusseldorf en 1978, al sostener que la conciencia es
fundamentalmente autónoma y que, dado que no puede ser rastreada en
ningún tipo de sustancia o función orgánica, debe considerarse como
algo que existe apartado del sistema nervioso central. Por otra parte, si
bien el espíritu se entrelazaba con los mecanismos neuronales del
cerebro, al mismo tiempo poseía completa autonomía entre ellos.
El físico francés Jean E. Charon, cuyas investigaciones le dieron
renombre por su trabajo en el campo de las partículas elementales,
describe en "El espíritu, ese desconocido" (*Paris 1977) que su
obra lo llevó a la conclusión de que debe existir una continuidad
tiempo-espacio del espíritu en correspondencia tiempo-espacio de A.
Einstein en la materia, hecho que presupone una doble faz en todas las
dimensiones:
"De acuerdo con su dimensión física las partículas cargadas de
espíritu son estables, lo cual torna su duración máxima de vida en algo
idéntico a la del universo. Esto nos conduce a la conclusión de que toda
la información investida en el curso de una vida humano a estas
partículas (de las cuales consiste nuestro cuerpo) continuarán
existiendo después de la muerte durante toda la eternidad".
Si el espíritu es algo que existe independientemente del cuerpo la muerte
no puede ser otra cosa que una transición hacia otra dimensión del SER y
la dimensión que solo puede ver los ojos del alma. Esta "otra
dimensión" ha sido descrita con gran detalle por muchos grandes
científicos, que la describen como un mundo sutil o espiritual
consistente en muchos planos distintos que pernean el mundo material y
visible, y al mismo tiempo lo complementan. Estos planos también se hayan
en el alma espiritual del hombre, dependientes de su estado de desarrollo
y conciencia, y pueden encarnarse en la forma física a fin de
desarrollarse en perspectiva.
Por otra parte, el hombre teme a la muerte como si fuera la peor cosa que
le pueda suceder. Como dice el autor y parapsicólogo alemán Thorwald
Dethlefsen:
"Debido a una visión materialista de la vida, la natural
comprensión humana de la muerte como una transición que sucede hacia
otro plano del SER ha sido crecientemente remplazada por la creencia de
que `todo se acaba` cuando uno muere. Esto produce un desesperado
aferrarse a la vida y a un frenético miedo a lo desconocido que
sobrevendrá. En general, no admitimos ese miedo a la muerte y lo
proyectamos hacia los demás. Cuando alguien muere, recordamos no solo
nuestro propio temor a la muerte sino también la amenaza que eso
representa".
La cuestión de la muerte se ha vuelto un tabú, no es algo sobre lo que
hablamos o que nos guste considerar y preferimos mantenernos en silencio
al respecto. El modo en que tratamos a los moribundos refleja esta
actitud. Los médicos tratan de prolongar la vida a cualquier precio y
nosotros nos quedamos indefensos o descompuestos cuando encaramos a
alguien en su lecho de muerte.
En nuestros días la Dra. Elizabeth Kubler-Ross es muy conocida por su
trabajo con los moribundos y ha comenzado a pedir que los agonizantes sean
tratados de una manera digna y acorde al significado fundamental y la
conmovedora experiencia de fallecer. Ella dice:
"El momento de transición es un proceso natural e indoloro para el
moribundo y usualmente se experimenta como algo de índole maravillosa.
Esto ha sido observado una y otra vez. Los agonizantes pueden enseñarnos
el punto de potencia vital. No permitan que sus seres queridos mueran en
la fría y funcional atmósfera de un hospital. Cuando sea posible,
llévenlos a casa... Si solo pudiésemos aprende a considerar la muerte de
una nueva manera, incorporarla a nuestras vidas y verla como una amiga
esperada y no como a un extraño temido, podríamos vivir nuestras vidas
con un nuevo significado".
Si alguna vez les toca "acompañar" a alguien que hace su
transición desde este mundo a un nuevo nivel de existencia, esa podría
ser para ustedes una experiencia maravillosa y profundamente conmovedora,
porque cuando el alma comienza a despegarse del cuerpo, el moribundo
frecuentemente se vuelve mas y mas conciente de su ser interior. Gracias a
la tanatología moderna (área de investigación referida al proceso del
morir y la muerte), que en parte se basa en los informes de personas que
fueron traídas de regreso a la vida, hoy sabemos mucho mas sobre las
experiencias del trance de fallecer. En general, los moribundos ven una
luz brillante y experimentan un sentimiento de paz y libertad, acompañado
por un sentido profundo de seguridad. Frecuentemente también ven seres
luminosos que parecen estar esperándolos. Hayamos una muy similar
descripción de esto al final de la obra de Shiller, "La dama de
Orleáns", donde escribe:
"¿Que me sucede? nubes gentiles me elevan,
mi pesada armadura se vuelve atuendo de ángel
Asciendo, asciendo. Dejo la tierra atrás.
Breve es el dolor y eterno es el gozo".
Muchas de las personas que fueron traídas de regreso a la vida después
de haber caído en un estado de muerte clínica informaron que habían
podido ver a los doctores y los alrededores del hospital mientras estaban
en ese estado. Tuvieron la sensación de flotar por encima de sus cuerpos
y pudieron escuchar lo que los médicos decían sobre ellos. Con
frecuencia, se notaron resistentes a dejarse reintegrar a las
"prisiones" de sus cuerpos a través de los bien intencionados
esfuerzos de los facultativos.
En este contexto, resulta interesante mencionar el llamado
"Experimento Delpasse", en el que el Dr. Grey-Walter, neurólogo
ingles, entrenaba a gente a un punto de fallecer (debido a una enfermedad)
a producir concientemente ciertas ondas cerebrales, según técnicas de
bioretroalimentación. Entonces, tales ondas cerebrales eran
intensificadas con electrodos colocados en la cabeza de los pacientes a
punto tal que esas ondas podían registrar en un monitor y dar paso a
interesantes diagramas. Después, una vez que los pacientes habían
fallecido, los impulsos de memoria cerebral se activaban por su cuenta y
encendían el monitor. Esto sucedía bastante después que las actividades
del cerebro habían cesado de funcionar y, en cada caso, ninguno de los
pacientes pudo ser resucitado. Este experimento indica que los procesos
concientes pueden sobrevivir a la muerte.
En muchas culturas, la muerte solía ser, y es celebrada todavía, como un
suceso para el regocijo (así como se festeja el nacimiento), dado que se
considera como una liberación de las limitaciones de la existencia
mundana. Como dijo el rey Salomón en la Biblia:
"Mas vale el día de la muerte que el día del nacimiento".
Eclesiastés 7:1
En aquellas culturas los moribundos eran a menudo provistos con
instrucciones para su travesía así como la asistencia de una persona que
los acompañaba con amor y comprensión a través del proceso de morir.
En este caso, Reiki puede proporcionarnos medios amables y efectivos para
sustentar y ayudar a nuestros seres queridos y amigos hacia un nuevo
estado del Ser. Reiki ayudará a la persona agonizante a ajustarse
internamente y a prepararse para esta transición mientras fortalece el
lazo con su ser íntimo, así el cuerpo puede abandonarse sin combate. Si
la persona moribunda está enferma y siente dolores, puede dársele
energía Reiki adicional donde haga falta. Tratar el chakra del corazón
le ayudará a dejar su vida en armonía y lo abrirá hacia lo que va a
venir. Si se toma la cabeza del paciente con las manos y se le aplica
también el tratamiento mental, la muerte llegará como una experiencia de
liberación y realización. Si la persona muere en estado de inconciencia,
no crean que ya no les es posible beneficiarse de la energía Reiki que se
le está brindando. Como dice la Dra. Kubler-Ross:
"Sobre todo, no piensen que la persona agonizante no puede sentir el
amor y el afecto de ustedes. Un moribundo puede sentirlo todo, hasta
cuando se halla en estado de coma."
Si su trabajo involucra un contacto frecuente con los moribundos, como
puede suceder en el caso de la guardia de terapia intensiva en un hospital
o en un instituto geriátrico, Reiki se convertirá en una forma
indispensable a ayuda tanto para usted como para la gente a su cuidado.
Es también una manera de permanecer en contacto con la vida, aun y
especialmente en situaciones donde nos encaramos con la muerte. Además,
Reiki nos permitirá experimentar un sentido de unión con la persona
moribunda que trascenderá toda separación.
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