Endorfinas y Encefalinas

 

Una de las preocupaciones esenciales de los profesionales de la salud ha sido siempre el averiguar cómo solucionar el dolor.

Desde la más remota antigüedad se han utilizado toda suerte de métodos para combatir el dolor, desde el supersticioso amuleto hasta los principios activos contenidos en raíces y plantas medicinales. Sin embargo, desde su descubrimiento, el empleo de alcaloides y, más concretamente de los derivados del opio, se han llevado la palma en cuanto a efectividad, pronto se observó que el consumo de este tipo de productos conllevaba dos problemas graves: la adicción y los efectos secundarios. Con todo en la actualidad los derivados del opio siguen siendo las drogas más efectivas a la hora de combatir el dolor.

De un modo paralelo a la utilización de los diversos alcaloides y derivados opiáceos, la ciencia ha desarrollado un gran esfuerzo en el estudio del funcionamiento y los mecanismos de acción a nivel molecular de estos productos narcóticos. Pronto se dedujo del hecho de que algunos de los alcaloides existentes en plantas equivalgan funcionalmente y sean capaces de sustituir moléculas propias de tejidos animales, que seria conveniente buscar en dichos tejidos cuales eran las moléculas que correspondían a la morfina o a sus derivados opiáceso. Así se ha descubierto que existe una correspondencia entre la Muscarina (vegetal) y al Acetilcolina (animal), la Efedrina (vegetal) y la Noradrenalina (animal) y la Morfina (vegetal) y los Péptidos opiáceos (animales)

Dada la extrema complejidad de sistema nervioso central, es evidente que el establecimiento de estas correspondencias ha necesitado años de trabajo y ha debido superar un gran número de dificulades.

Fue en 1975 cuando John Hugues logró aislar del cerebro de cerdo dos pentapéptidos que poseían prácticamente la misma actividad opiácea que la morfina a los que denominó Leucin-Encefalina y Metionin-Encefalina.

Las endorfinas son algo más que analgésicos: un sistema químico definido que actúa dentro de toda la estructura cerebral.

Uno de los aspectos que más interés ha suscitado desde el descubrimiento de las encfalinas ha sido el estudio de sus mecanismos de actuación. Al parecer éstas actúan como neuromoduladores, modificando la transmisión de la información de una célula nerviosa a otra a nivel de las sinapsis.

En las membranas celulares existen unos receptores específicos en los que se fijan las encefalinas como si se tratara de una cerradura en la que introducimos una llave. Al fijarse en estos receptáculos, depolarizan parcialmente las membranas celulares con lo cual el impulso nervioso transmitido, que es proporcional a la polarización de la membrana, sufre una disminución.

Estos receptores a los que hacíamos referencia son de diversos tipos, como si estuvieran adaptados a los diversos tipos de opiáceos. Asimismo, están distribuidos de un modo desigual en los diferentes órganos del cuerpo humano. 

 

Las Endorfinas y la Curación

 

uno de los temas mas discutidos en el campo  de la medicina moderna es el de la curación. ¿Quien cura realmente el cuerpo, el medicamento administrado por el médico? La respuesta a esta pregunta varía según las escuelas y según los médicos. Sería iluso creer que nuestro organismo es capaz de curar por sí solo todas las enfermedades; equivaldría a decir que, al menos potencialmente, somos inmortales.  Por otra parte, resulta altamente pretencioso imaginar que nuestra medicina es capaz de curarlo todo, y, sobre todo, que sólo ella cura.

Sin duda la respuesta se halla, como siempre, a medio camino. Es nuestro cuerpo el que nos cura al sintetizar las substancias necesarias, pero en muchas ocasiones un agente externo puede ayudar a que lo haga. Si somos un poco amplios de miras, comprenderemos que este agente externo tanto puede ser un medicamento alopático como uno homeopático o una planta medicinal. los diversos sistemas médicos son, todos ellos, muy efectivos, pero a menudo el que falla es el médico en su diagnóstico. No siempre resulta fácil detectar con precisión cuál es la enfermedad que causa los síntomas que hemos podido apreciar cuando las más de las veces en un organismo enfermo coinciden varias enfermedades al mismo tiempo.

Con todo, cada día adquiere más vigencia el viejo proverbio chino que afirma que  "matar al ladrón no cierra la puerta". Dicho de otro modo, un gran número de especialista opinan que más que dedicarse desaforadamente a matar microbios y virus, lo ideal es llegar a mantener el sistemas defensivo del organismo en un estado óptimo. El concepto de salud cada día tiene menos que ver con una guerra sin cuartel contra los microbios y los gérmenes nocivos y mucho con el concepto de inmunidad.

Los primeros investigadores que estudiaron el tema de las endorfinas ya se dieron cuenta de que existía una íntima relación entre éstas y el sistema inmunitario. Esta característica, que al principio no se valoró excesivamente, ha adquirido, desde la aparición del SIDA, una gran vigencia. ¿Podría hallarse en las endorfinas la solución  a esta plaga? Es difícil responder tanto afirmativa como negativamente a esta pregunta en el estado actual de nuestros conocimientos, pero es innegable que cualquier tipo de tratamiento se verá favorecido si nuestro cuerpo es capaz de fabricar endorfinas con normalidad.

Para ver qué relación hay entre las endorfinas y nuestro sistemas inmunitario, recordaremos que el más importante flujo de hormonas segregadas en nuestro cuerpo procede del hipotálamo. Esta corriente hormonal irriga la glándula pituitaria en la que estimula la predicción de numerosas hormonas que luego se dirigirán a los diferentes puntos de nuestro organismo por medio del sistemas circulatorio. Se trata de un proceso continuo, imprescindible para el mantenimiento de la salud. Estiudiando este  proceso, el doctor Choh Hao Li, de la Universidad de California, detectó que estaba íntimamente relacionado con una endorfina, sin duda la más conocida, la llamada Endorfina-Beta. A raíz de este descubrimiento, el doctor Li realizó otros de igual o mayor importancia como el de la hormona adrenocorticotrópica o ACTH. Esta última es una hormona de la familia de las endorfinas que , que desbloqueando signos inmunitarios permanentes, contribuye sobremanera al mantenimiento de las salud. Esta hormona inmunitaria se produce en las situaciones de stress. Es la causante de que en situaciones límites podamos reaccionar como no lo haríamos normalmente.

La inmunidad genera, o sea el conjunto de las defensas del organismo, se beneficia del flujo correcto de endorfinas.

El sistema inmunitario sirve para combatir todo tipo de infecciones, desde las simples gripes hasta las enfermedades venéreas o el SIDA. También juega un papel importante en la lucha contra el cáncer, incluso antes de que éste se manifieste. Todos tenemos en nuestro cuerpo un elevado número de células potencialmente cancerígenas que nuestro sistemas inmunitario se encarga de vigilar y eliminar. Cuando este último empieza a fallar, estas células reaccionan con virulencia y provocan la aparición  de las enfermedades. Así, cuando nuestro sistemas inmunitario no responde correctamente y no puede defendernos de los ataques malignos, aparecen las enfermedades que potencialmente ya estaban en nosotros. De hecho no es tanto el virus el culpable de la enfermedad como nuestra incapacidad para defendernos de él.

Aunque no se puede decir que inmunidad = endorfinas, ambas están muy conectadas. Por esta razón seguiremos hablando de la inmunidad y de cómo ésta va menguando en nuestro organismo. Un caso típico es el de las personas que a raíz de una operación importante o de un transplante han tenido que tomar medicamentos inmunodepresores con el objeto de evitar rechazos. Se ha comprobado por medio de estadísticas que estos sujetos son más propensos a contrae cáncer. No es que este tipo de medicamentos sea cancerígeno, lo que ocurre es que sus defensas han disminuido considerablemente y su organismo no ha sido capaz de eliminar como antes las células cancerígenas.

En diversos hospitales también en se ha podido comprobar que pacientes que estaban sometidos a un tratamiento con medicamentos inmunodepresores recobraban "espontáneamente" la salud o evolucionaban más positivamente cuando dejaban de tomar estos medicamentos. Se conocen casos de pacientes que además de cáncer sufrían otras infecciones graves y que se han curado. Es difícil asegurar que la reacción producida por la infección en el sistema inmunitario sea la causante de la curación del cáncer, pero el tema no deja de ser curioso.

 

El Efecto Placebo y las Endorfinas

 

  En la historia del tratamiento del dolor se han hecho destacar casos de enfermos que han logrado suprimirlo parcial o totalmente ingiriendo productos inocuos. Se trata de un fenómeno conocido como efecto placebo. Esta palabra quiere decir, en latín, "contentaré", "como placeré". Aunque este nombre no se inventó hasta el siglo pasado, se sabe que los griegos conocían ya el efecto placebo.

Es bastante fácil que algunos de los misteriosos brebajes que durante la edad media brujos y curanderos suministraban a sus pacientes tengan mucho que ver con el efecto placebo.

Según el Dr. Herbert Benson, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard, "en muchas ocasiones el efecto placebo mejora el estado del enfermo y por ello mismo es un aspecto esencial en medicina."

A menudo, sobre todo en casos extremos, los médicos se han encontrado que no podían seguir administrado sedantes a sus enfermos, o simplemente que estos ya no reaccionaban a ellos. Entonces les han dado otras substancias que, a pesar de no ser calmantes, han logrado producir los efectos de estos en el paciente.  Un simple comprimido de azúcar o una inyección de suero pueden bastar para producir el efecto deseado.

Durante muchos años, el aparato médico no ha tenido muy en cuenta el efecto placebo, pero actualmente han de rendirse ante la evidencia. No se trata, como se creía, de algo meramente psicológico, sino de un efecto real y comprobado por miles de médicos en centenar de hospitales y clínicas. Que una simple aspirina pudiera calmar dolores en los que la morfina ya no era eficaz, no depende obviamente de las aspirina, sino de algo que se halla en el interior del enfermo.

Lo primero que se dijo es que se trataba de autosugestión o de alguno tipo de perturbación psicológica debida al dolor que el paciente había tenido que soportar. Pero con todo, este extraño fenómeno resultaba desconcertante; sin embargo, a raíz del descubrimiento del las endorfinas, veremos cómo el efecto placebo puede entenderse mejor.

El Dr. J. Levine, en un artículo que apareció en The Lancert titulado "El mecanismo de la analgesia por placebo" publicó los resultados de sus investigaciones de la relación de las endorfinas y el efecto placebo. El Dr. Levine utilizó en su experimento pacientes que sufrían  dolores de muela especialmente rabiosos. Dividió a estas personas en dos grupos y proporcionó a uno de ellos placebo con el fin de calmar su dolores. Este alivió considerablemente los dolores de los pacientes. Sin embargo, al serles suministrado naxolona, un antagonista típico de la morfina, el efecto del placebo desapareció y los pacientes volvieron a tener dolor de muelas.

Así pudo demostrarse que el efecto placebo no era una cuestión psicológica, sino que de un modo u otro el cerebro del paciente había segregado alguna substancia de características semejantes a la morfina.

También se hizo el experimento contrario: antes de suministrar el placebo, se inyectó naxolona  a los enfermos, y se vio que el placebo no surtía ningún efecto.

Es lícito preguntarnos qué hace que tenga lugar el efecto placebo y qué rol desempeñan las endorfinas en él. Se ha visto, a través de la práctica que existe una estrecha relación entre el efecto placebo y la confianza que tiene el enfermo tanto en el médico como en la medicación. Esta confianza tiene, obviamente, que ver con la memoria. Es, en última instancia, una cuestión psicológico, pero no por ello deja de ser real. Sin duda se trata de algo muy complejo e individualizado, pero lo que sí es evidente es que las endorfinas desempeñan un papel esencial en el efecto placebo. Se ha comprobado, además, que los placebos amargos suelen surtir mejor efecto que otros; ello se debe sin duda a la creencia de que si tiene mal gusto es que cura: sabe a medicina.

Cuando un paciente está convencido de que una medicina le sentará bien, probablemente será así, aunque desde el punto de vista farmacológico parezca aberrante. Esta es la razón de que inócuos comprimidos de azúcar, suero vital o agua coloreada suministrados por el médico para satisfacer al paciente tengan con frecuencia un éxito inexplicable.

hoy en día es un hecho demostrado que al menos el 35% de los cancerosos se alivian con placebo

 

La curación de la fe

 

No hace falta ir a Lourdes para oír hablar de curación por la fe. En Francia existe un movimiento en el que participan miles de personas que se dedican a curar a sus semejantes a través de la fe. Los pacientes son personas que, desengañadas de la medicina oficial o abandonadas por ésta, se han dirigido expresamente a este movimiento animado por Maggie Lebrun. Se han contabilizado miles de casos de curaciones, muchas de ellas totalmente milagrosas. El libro de la Sra. Lebrun Médicos del Cielo, Médicos de la Tierra ha resultado ser un verdadero bestseller del que se han vendido cerca de 150.000 ejemplares.

Las llamadas curaciones por la fe son, las más de las veces, curaciones psicosomáticas. Muy  menudo el sanador se limita a inspirar la fe necesaria. Es sabido que los estados emocionales modifican la producción de hormonas e incluso los campos eléctricos. Los casos de curaciones por la fe se caracterizan precisamente por estados emocionales fuera de lo normal. Sin duda en muchas de estas curaciones lo que realmente ocurre es que el cerebro segrega más endorfinas de lo habitual, y el organismo entero reacciona como ante una situación de emergencia.

 

 

LAS ENDORFINAS Y EL STRESS

 

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Última modificación: May 12, 2006.